La ruta del cacao combina
perfectamente la experiencia exitosa del cacao como cultivo alternativo con la
cultura Kechwa-Lamista en Lamas y las maravillas que esconde el río Abiseo en
Mariscal Cáceres
Subo al bus y me imagino las dieciséis horas de
viaje sentada en el mismo asiento, sé que el viaje es largo pero vale la pena.
Al llegar a Tarapoto, hicimos un recorrido por la ciudad, un buen desayuno y a
nuestro verdadero motivo de viaje: La Ruta del Cacao. Pero cuando preguntas por
ella, al menos hasta noviembre del 2012, no dieron razón. Alguna persona indicó
ir a Tocache, pero no era ese nuestro destino, sin quitarle los méritos
cacaoteros.
Sabíamos que con bastante
esfuerzo se venía impulsando la Ruta del Cacao en la región San Martín,
priorizando a Lamas y Mariscal Cáceres. Ruta que combina cultura, naturaleza y
la experiencia de un exitoso cultivo alternativo.
La combinación es perfecta, un
día en Lamas para conocer la cultura Kechwa -Lamista en el pueblo Waycu y sus
más destacados recursos turísticos incluyendo una cremolada con pisco. En
Lamas, las coloridas faldas de las niñas, las largas cintas en los cabellos de
todas las mujeres, su hablar en quechua, sus bailes y sus artesanías hechas a
mano una a una encantan. Es que este
pueblo ha sabido guardar sus tradiciones y las muestra a los turistas con
entusiasmo contagiante. Pero antes, al ingresar a Lamas recorrimos la parcela del Ing. Ángel, fue
maravilloso descubrir la planta del cacao, oler y saborear una extraña
combinación de frutas en su pulpa. Para mi sabía a plátano y guanábana a la
vez, adictivo; entonces despierta en uno la curiosidad de cómo es que este
fruto se convierte en chocolate. Para saber más del proceso pasamos a la
cooperativa Oro Verde, esa que tiene uno los mejores cafés del mundo. Ahí vimos
el proceso de secado y embolsado del cacao.
El segundo día nos enrumbamos a
Mariscal Cáceres, a disfrutar de la naturaleza pura, una travesía que empezó en
un bote a motor para llegar al Parque Nacional del Rio Abiseo. Llegamos al puesto de control El Churo donde empieza
la visita al espacio natural más mágico donde he estado. Caminamos por el
sendero interpretativo el Shiringal y luego en el bote recorrimos el rio,
descubriendo quebradas, rápidos, cataratas que te invitan a darte chapuzones y
cuevas oscuras a las que solo se conoce nadando. En todo el camino nos acompaña
el canto de las aves que se convierte en el sound track del viaje. El PNRA es
parte de la Ruta del Cacao porque genera el ecosistema para que en Alto el Sol
se cultive uno de los mejores cacaos orgánicos del mundo. El vocero de la
comunidad, Don Mardonio nos recibe con los brazos abiertos y un peculiar
carisma. El nos hace el tour por las parcelas y las pozas de fermentación que
nos faltaba conocer.
Para ponerle punto final a la
ruta en Tarapoto fuimos a una fábrica donde el cacao seco es derretido,
cocinado y convertido en chocolate. Terminamos en la plaza degustando los
bombones y trufas de sabores amazónicos y así compruebo que para conocer al
Perú el camino será largo pero siempre valdrá más que la pena.